Ocho en punto de la mañana, jubilados con papeles y sin ellos, vendedores ambulantes, lustrabotas, cuida carros, guachimanes, trabajadores del sistema que los llaman independientes, ciudadanos de todas las edades y de ambos sexos, todos con una historia diferente pero con una misma necesidad esperan que se abran las puertas del comedor popular.
Tras una agotadora mañana, subiendo y bajando microbuses, Antonio mira su reloj esperando que marque las ocho de la mañana para poder tomar un desayuno a solo veinte céntimos, que consta de una taza de cuaquer y cuatro panes que le tendrá aguantar hasta la hora del almuerzo. A las nueve y cuarto el comedor queda vació, poco a poco los comensales regresan a su realidad. El cachuelo, las limosnas, el trabajo mal pagado, ganarse unos cuantos centavos para el almuerzo del medio día y el pasaje de regreso a casa.
Comida a granel, nada de glamour simplemente espantan el hambre, menús por un sol para calmar estómagos vacíos Los comensales empiezan a caminar con pasos apresurados para poder alcanzar una ración de comida, aquí comer no es placer sino una necesidad, en la larga cola que se va formando no encontramos apetito sino hambre todos en fila, en una misma mesa, trabajadores, vagos, maleantes y hasta héroes. El menú del día; de entrada un tazón de concentrado de morón con verduras, plato de fondo unos gruesos tallarines rojos con trozos de pechuga de pollo y, por último, de postre, un cucharón de mazamorra a base naranja.
Afuera, una larga fila espera con ansias la comida de cada día.
Frente a la plaza Manco Cápac se encuentra el comedor popular Nº 2 del distrito de La Victoria en la transitada y contaminada avenida.
Antonio de cuarenta y dos años, nacido en Lima, victoriano como el Alianza Lima del cual es hincha a morir. Casado y padre de seis hijos, de los cuales no ve hace muchos años, “los extraño, quisiera volver a verlos”, dice con nostalgia, tras recordarlos.
Dejo de ver a su familia hace diez años, por un error que ahora se arrepiente.
Las drogas invadieron su vida pocos años después de tener a sus hijos,”las drogas es lo peor que puede existir, te destruyen la vida, no te das cuenta de las cosas que haces, te vuelves loco”, se expresa con total seguridad y energía.
Ya han pasado dos años, y Antonio se siente totalmente recuperado, dice que ni la psicología ni las medicinas lo sanaron, solo lo pudo superar abriendo su corazón a “Diosito” como él lo llama. Estuvo internado en una casa hogar llamado “Jehová es mi pasión”. Aunque en un principio fue duro para él, la enseñanza de la palabra de dios y estar alejado de la calle durante meses, lo ayudo mucho para superar este mal que lo carcomía día a día.
Ahora se dedica a ayudar a reparar autos, como el mismo nos cuenta tubo un poco de suerte al encontrarse con un viejo compañero de carpeta de la secundaria que tiene su propia mecánica, el se arriesgó a darle una mano y hasta ahora no lo ha defraudado, gana para el alquiler de su cuarto y en su alimentación básica.
Don Manuel, es un lustrabotas que día a día trabaja para poder sustentar sus comida y su pasaje de regreso a casa, si tiene suerte saca quince soles al día y si es un día malo no alcanza ni para el pasaje, me cuenta que fue profesor, pero los malos hábitos no le permitieron cumplir los años necesario para poder jubilarse, de cuadernos y libros pasó sin darse cuenta a zapatos ajenos. Para él hace varios años ya tiene establecida la rutina de trabajar en las calles y almorzar en el mismo comedor.
Camino unos pasos, mientras que van avanzando uno a tras de otro, hasta llegar a la puerta principal; donde una señora acompañada por una vieja carretilla, ofrece diversos artículos, entre cubiertos descartables, pequeños sobrecitos de ajinomoto, trozos de limón y bolsitas rellenas de ají, que los q tiene un par de monedas mas compran para poder echarle a su plato de comida para que tenga un sabor mas a comida.
Más de mil ciudadanos de todos los distritos de Lima pasan diariamente por el comedor popular, que por los menos les brinda un poco de comida por unos cuantos centavos que tratan de recolectar durante el día para poder desayunar i almorzar y les dure hasta el día siguiente.
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